Llevando respuesta a un mundo que necesita Esperanza

«¡Sigue así, vas a morir creyendo!».

En Barranquilla, Colombia, esta expresión se utiliza a veces para decirle a alguien que está esperando algo que nunca sucederá. Es una manera de burlarse de su esperanza, como si seguir creyendo fuera una ingenuidad.

Pero ¿qué pasa cuando llevas tiempo orando y nada cambia? ¿Cuando las respuestas no llegan y las circunstancias parecen decirte que ya no hay nada que esperar?

En Marcos 5 encontramos a Jairo, un padre desesperado porque su hija estaba gravemente enferma. Fue a buscar a Jesús, le rogó que fuera a su casa y Jesús aceptó acompañarlo. Sin embargo, mientras caminaban, llegó la noticia que ningún padre quisiera recibir: la niña había muerto.

Ya no había nada que hacer, le dijeron. No tenía sentido seguir molestando al Maestro. Pero Jesús le dijo a Jairo: «No tengas miedo. Solo cree» (Marcos 5:36, NTV). Jesús llegó a la casa, tomó a la niña de la mano y la levantó. La niña volvió a vivir.

La historia es extraordinaria, pero debemos entender algo: no significa que siempre recibiremos el milagro específico que pedimos. Nos recuerda quién es Jesús y que podemos acudir a Él incluso cuando no comprendemos lo que está sucediendo.

Porque la fe no consiste en negar la realidad ni en fingir que nada nos duele. Consiste en seguir confiando en Dios aun cuando no conocemos el desenlace.

Quizá llevas años orando por tu familia. Tal vez esperas una oportunidad, la restauración de una relación o una respuesta que no llega. Y puede que alguien te haya dicho que dejes de creer, que aceptes que nada cambiará.

No necesitas demostrarle a nadie que tienes fe. Puedes llorar, pedir ayuda y reconocer que estás cansado. Puedes seguir confiando en Dios sin pretender saber qué sucederá mañana.

Hebreos 11 nos recuerda que hubo personas que vieron grandes obras de Dios y otras que atravesaron dificultades sin recibir en esta vida aquello que esperaban. La fe no siempre nos permite comprender lo que Dios hace, pero puede sostenernos mientras caminamos en medio de la incertidumbre.

Así que, si alguien vuelve a decirte: «¡Vas a morir creyendo!», recuerda que tu esperanza no depende de tener todas las respuestas ni de controlar el futuro.

Sí, voy a morir creyendo. No porque sepa cómo terminará cada historia, sino porque he decidido poner mi confianza en Jesús.

Y mientras llega el día en que comprendas algunas cosas, no permitas que la incertidumbre te robe la posibilidad de vivir con fe, esperanza y propósito.

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